Las alas, que sobrevuelan el paisaje histórico de Avilés

Avilés › Asturias

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Ruta GPS

Teléfonos: Oficina de turismo

985 544 325

 

Datos básicos

Clasificación: Etnografía

Clase: El concejo

Tipo: Varios

Comunidad autónoma: Principado de Asturias

Provincia: Asturias

Municipio: Avilés

Parroquia: Avilés

Entidad: Avilés

Comarca: Comarca de Avilés

Zona: Centro de Asturias

Situación: Costa de Asturias

Dirección: Aviles

Código postal: 33402

Cómo llegar: Las alas, que sobrevuelan el paisaje histórico de Avilés

Dirección digital: 8CMPH35G+82

E-mail: Oficina de turismo

E-mail: Ayuntamiento de Avilés

Sobre Avilés: Cosmopolita, marinera, medieval, dinámica y metropolitana, así es la ciudad de Avilés y su entorno.

Tipo de turismo: accesible, arquitectónico, carreras de montaña, cementerios, cicloturismo, compras, costero, cultural, espacios protegidos, eventos, gastronómico, industrial, lgtb, marítimo o de cruceros, monumental, negocios, ornitológico, religioso, reuniones y congresos, rural, seminarios y convenciones, sol y playa, urbano o de ciudad y viajes de incentivo.

 

Las alas, que sobrevuelan el paisaje histórico de Avilés

Nota: No disponemos de foto de Las alas, que sobrevuelan el paisaje histórico de Avilés, mostramos un detalle del mapa de la zona. Si observa algún error en el contenido, agradecemos use el formulario que hay a pie de página.

Descripción:

  • Autor: Alberto del Río Legazpi*, escritor y periodista asturiano.

Decía Jardiel Poncela que la leyenda es la hija adoptiva de la historia. Sentencia que viene a cuento a la hora de hablar de la estirpe más famosa de la historia de Avilés: la de Las Alas.

La leyenda bautiza su nacimiento tal que así: cuando, en el siglo VIII, los árabes se apoderaron de Avilés, un caballero, de nombre Martín Peláez, se hizo fuerte al refugiarse en Raíces, donde entre sus propiedades poseía una fortaleza (debe referirse al castillo de Gauzón) que vigilaba el estuario en cuyo fondo se asentaba Avilés, el más poderoso puerto del reino de Asturias.

Al tal caballero, los mahometanos lo cercaron y acorralaron en las torres del castillo, donde Martín se había escudado, defendiéndose a mandoble limpio. Pero comenzó a desfallecer en su agotadora decapitación de islámicos que seguían achuchándole como si nada, hasta que apareció en lo alto del castillo un ángel de grandes alas -he aquí el quid de la cuestión- con una espada en la mano y una cruz en la otra, oyéndose una voz que tronaba: «Venga Señor, a nos, tu causa». Y así Martín Peláez terminó triunfante y, desde entonces, fue conocido como Don Martín el de Las Alas.

Estas son leyendas y lo demás son cuentos.

Hay quien asegura que fue el mismísimo don Pelayo quien le concedió el escudo de armas, donde se refleja aquella leyenda, y que es uno de los más antiguos que se conocen (y del que existen variantes, expuestas por Francisco Mellén en su publicación Heráldica de Avilés). Abundan los escudos de esta familia en distintos edificios de la ciudad, donde también hay una calle (antigua calleja del Moclín) llamada «Los Alas», desde 1892.

En la Edad Media, construyeron una casa fortaleza, en pleno puerto, al lado de la histórica parroquia de San Nicolás de Bari (hoy iglesia de los Padres Franciscanos), que incluía un alcázar artillado y un palacio residencial, justo donde hoy está el de Camposagrado. Según fue avanzando el tiempo, encontramos mercaderes, guerreros, marinos, religiosos, políticos, ostentando el apellido de Las Alas.

Una familia tan alargada como ésta es de botica, establecimiento donde solía haber de todo. Y ese todo contenía, generalmente, poder. Poderoso reconstituyente que hizo posible que desde sus remotos orígenes hasta el siglo XVII tuvieran subordinado a su patrimonio una tercera parte del asentamiento urbano medieval de la villa, en la que desempeñaron, además, durante siglos un poder sin parangón al ocupar importantes cargos del gobierno local.

Tanto, que hasta llegaron a construir, en el XIV, y frente a su residencia, una capilla funeraria para la familia, con una preciosa puerta adornada de cabezas aladas, que hoy pasa por ser una de las joyas del arte religioso asturiano. Delante de ella -y durante mucho tiempo- tuvieron lugar las reuniones del concejo de Avilés (o sea el Ayuntamiento). Así que podríamos decir que los de Las Alas tenían de cara la política y de cruz la religión.

De entonces a acá, y por poner tres ejemplos, destacaría a Esteban de las Alas León, lugarteniente de Pedro Menéndez de Avilés, el marino local que fundó, en 1565, San Agustín de La Florida, la -hoy- ciudad más antigua de los Estados Unidos.

A Eulalia de las Alas Carreño, que casó en 1617 con un Bernaldo de Quirós, matrimonio que el rey Felipe IV «bendijo» adjudicándoles el marquesado de Camposagrado.

Y a María de las Alas Pumariño, fundadora de la Asociación de Viudas de la República, que al recoger la medalla de Asturias, en 2001, de manos del Príncipe heredero, le espetó: «Alteza, usted me cae bien, pero yo soy republicana».

Los tiempos cambian y Las Alas, también. La vida.

Por tanto toca «vivir el presente, pues el pasado es leyenda y el futuro es un reto», según tiene sentenciado Anónimo.

Ánimo.

Nota

(*) Este texto está publicado también en el diario La Voz de Avilés-El Comercio, con fecha 1 de julio de 2012, el mismo epígrafe y el subtítulo «Apellido de una familia tradicional avilesina, que tuvo una gran importancia a lo largo de los siglos, casi, desde los orígenes de la villa», en la página dominical «Los episodios avilesinos», que Alberto del Río dedica a aspectos históricos, artísticos, biográficos y costumbristas.

Historia de Avilés

Las primeras noticias de la presencia humana en el concejo datan de la Prehistoria. Por los pocos restos que nos han llegado —un hacha del Paleolítico Inferior y tres del Neolítico, estas últimas encontradas en La Rocica—, esta presencia fue más bien escasa. Se desconoce, igualmente, si en el concejo existieron castros. Hay mucha vaguedad también sobre el origen de Avilés. Se supone que proviene de un asentamiento romano cuyo poseedor se llamaba Abilius. Se han encontrado escasos y dispersos materiales de ese período: un capitel de mármol, de orden corintio, reutilizado como pila bautismal en la iglesia de San Nicolás de Bari, y monedas romanas en la ría, Sabugo, Llaranes y La Carriona.

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