Las placas literarias de Avilés

Avilés › Asturias

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Ruta GPS

Teléfonos: Oficina de turismo

985 544 325

 

Datos básicos

Clasificación: Etnografía

Clase: El concejo

Tipo: Varios

Comunidad autónoma: Principado de Asturias

Provincia: Asturias

Municipio: Avilés

Parroquia: Avilés

Entidad: Avilés

Comarca: Comarca de Avilés

Zona: Centro de Asturias

Situación: Costa de Asturias

Dirección: Aviles

Código postal: 33402

Cómo llegar: Las placas literarias de Avilés

Dirección digital: 8CMPH35G+82

E-mail: Oficina de turismo

E-mail: Ayuntamiento de Avilés

Sobre Avilés: Cosmopolita, marinera, medieval, dinámica y metropolitana, así es la ciudad de Avilés y su entorno.

Tipo de turismo: accesible, arquitectónico, carreras de montaña, cementerios, cicloturismo, compras, costero, cultural, espacios protegidos, eventos, gastronómico, industrial, lgtb, marítimo o de cruceros, monumental, negocios, ornitológico, religioso, reuniones y congresos, rural, seminarios y convenciones, sol y playa, urbano o de ciudad y viajes de incentivo.

 

Las placas literarias de Avilés

Nota: No disponemos de foto de Las placas literarias de Avilés, mostramos un detalle del mapa de la zona. Si observa algún error en el contenido, agradecemos use el formulario que hay a pie de página.

Descripción:

  • Autor: Ramón Baragaño*, escritor e investigador.

La villa del Adelantado ha sabido recordar a algunos de sus más ilustres escritores con la colocación de placas conmemorativas en las casas donde residieron. Así se ha hecho con Marcos del Torniello, Estanislao Sánchez Calvo, Constantino Suárez («Españolito»), Ana de Valle, Armando Palacio Valdés y Antonio María Pruneda.

No obstante, en esta nómina de literatos hay dos ausencias notables: Francisco Bances Candamo (1662-1704) y Juan Ochoa Betancourt (1864-1899). Del primero se desconoce si existe aún la casa donde nació en el barrio de Sabugo y luego vivió toda su vida lejos de Avilés; pero de Juan Ochoa, buen novelista y cuentista fallecido a prematura edad, se sabe con absoluta certeza que vino al mundo en la casona de Valdecarzana (hoy Archivo Histórico Municipal), en cuya fachada de la calle del Sol debería figurar una placa dedicada a la memoria de este escritor avilesino. Eso sí, nunca se debería colocar en la histórica fachada de la calle de la Ferrería, como se hizo con la placa que indica el nombre de la calle y que estaría mejor en cualquier otro edificio de los alrededores.

Iniciamos hoy esta ruta por las placas literarias de la villa en el barrio de Sabugo, en el número 10 de la calle de la Estación. Allí la Cofradía del Bollo colocó en agosto de 1995 una placa a la memoria de Marcos del Torniello, poeta en bable y maestro muy apreciado por todos sus conciudadanos, que en aquella casa habitó durante muchos años y en ella falleció. José Manuel García González, más conocido como Marcos del Torniello, nació el 28 de noviembre de 1853 en el barrio de San Sebastián (Avilés), hoy desaparecido, que se encontraba al otro lado de la ría y antes de la cuesta que da acceso a la parroquia de San Pedro Navarro (Valliniello). La tarea pedagógica y la literatura fueron sus dos grandes pasiones. Escribió una comedia y un monólogo que fueron estrenados con éxito, pero destacó principalmente como poeta en lengua asturiana, faceta en la que consiguió gran popularidad tanto en la región como en la colonia asturiana de América. Publicó los libros «Tambor y gaita» (1904) y «Orbayos de la quintana» (1925). Sin duda, su poema más popular es «Gozoniega» (más conocido por su verso inicial «Soy de Verdicio»), que se canta con ritmo de habanera y forma parte del repertorio de muchas masas corales asturianas. Falleció en Avilés el 10 de febrero de 1938.

En el número 31 de la calle de la Ferrería podemos admirar la más hermosa de la placas literarias de la villa. Se trata de una lápida de mármol y bronce con el busto del filósofo que un grupo de amigos le dedicó a Estanislao Sánchez Calvo el 31 de agosto de 1903, en la casa en la que habitó y murió el filósofo, filólogo y escritor avilesino, nacido el 6 de mayo de 1842. Hombre tranquilo, bondadoso y de especial idiosincrasia, fue un intelectual de enorme talla que dominaba la filosofía, la mitología y las religiones universales, y conocía perfectamente las lenguas de la antigüedad (griego, latín, hebreo, sánscrito, caldeo...). Colaboró en la prestigiosa «Revista de Asturias», utilizando los seudónimos de «Laín Calvo» y el anagrama de «Hans Czolvaec». Escribió algunos estudios históricos y filológicos, varios cuentos y novelas cortas, y publicó los libros «Los nombres de los dioses» (1884), importante indagación acerca del origen del lenguaje y de las religiones, y «Filosofía de lo maravilloso positivo» (1889), original obra filosófica que fue reeditada en 1997. Falleció en Avilés el 22 de mayo de 1895.

Frente a esta casa en la que habitó y murió Sánchez Calvo se encuentra la antigua plaza de San Nicolás, hoy llamada de Carlos Lobo, en el corazón del casco histórico avilesino. En el número 1 de dicha plaza estuvo la primera imprenta con que contó Avilés, que se debió a la iniciativa de Antonio María Pruneda González. Este tipógrafo y periodista nació en Oviedo el 10 de febrero de 1835 y en 1865, contratado por la Sociedad Artística Avilesina, se trasladó a Avilés, donde se estableció con una imprenta y una librería. El 3 de junio del año siguiente apareció «El Eco de Avilés», el primer periódico que se publicó en la villa, salido de la imprenta de Pruneda, en la que fueron saliendo después otros periódicos («La Luz de Avilés», «El Trébole», «El Hijo del Pueblo», «El Porvenir de Avilés», etc.), algunos de ellos redactados íntegramente por él, y varios libros. Antonio María Pruneda murió el 16 de abril de 1906, en su hogar de la calle del Rivero, número 41, adonde había trasladado la imprenta hacia el año 1881. Continuó su labor de impresor y periodista durante algunos años su hijo Isidro. En el año 2006, con motivo del centenario de su fallecimiento, el Ayuntamiento de Avilés y el colectivo literario Eneas colocaron una placa en recuerdo de aquel pionero establecimiento de artes gráficas y de su fundador.

Seguimos la ruta de las placas literarias y llegamos a la calle de la Fruta, en cuyo número 24 se halla la casa donde vivió, a raíz de su matrimonio en 1924, el escritor y periodista Constantino Suárez, ´Españolito´. En 1990, con motivo del centenario de su nacimiento, el Instituto de Estudios Asturianos organizó un homenaje con diversos actos en Oviedo y Avilés, entre los que figuró la colocación de una placa conmemorativa en la fachada de dicho edificio. Constantino Suárez Fernández nació en el barrio de Sabugo el 10 de septiembre de 1890. A los dieciséis años de edad emigró a Cuba, donde realizó trabajos humildes hasta que en 1908 empezó a colaborar en el ´Diario de Avilés´ y posteriormente en varios periódicos y revistas cubanos, entre ellos ´Diario de la Marina´ y ´Diario Español´, de La Habana. En este último, a partir de 1913, alcanzó gran popularidad con el seudónimo de ´Españolito´, que usaba para firmar las agrias polémicas que mantenía con un adversario ideológico que utilizaba el de ´Cubanito´. En 1913 publicó su primer libro y en 1921 el ´Vocabulario cubano´. Ese mismo año regresó a España, se estableció en Madrid y desarrolló una gran actividad literaria, colaborando en numerosos periódicos y publicando casi un libro al año. En 1924 publicó ´Isabelina´, novela de ambiente asturiano localizada en Miracielo (Avilés), uno de sus grandes éxitos. Hombre de ideales republicanos, durante los años 1930 y 1931 desarrolló una intensa actividad política. En 1936 aparecieron los tres primeros tomos de su obra ´Escritores y artistas asturianos´, importantísima contribución a la bibliografía regional, de consulta imprescindible. El estallido de la Guerra Civil española truncó la continuidad de su empeño literario y tuvo que sobrevivir solo en el Madrid sitiado. Allí falleció el 4 de marzo de 1941, sin ver culminada su magna obra. Sus restos fueron trasladados al cementerio de La Carriona en 1952. Entre 1955 y 1959 el Instituto de Estudios Asturianos editó por fin los cuatro tomos restantes de ´Escritores y artistas asturianos´.

En el número 8 de la calle del Rivero se encuentra la casa en la que pasó gran parte de su infancia y primera juventud el novelista Armando Palacio Valdés. En su fachada, bajo los soportales, se inauguró una placa el 12 de octubre de 1953 con ocasión de los actos conmemorativos del centenario de su nacimiento. Armando Palacio Valdés nació en Entralgo (Laviana) el 4 de octubre de 1853. A los seis meses de edad pasó a residir en Avilés, donde cursó los estudios primarios y vivió sus primeras experiencias vitales, que recordará años más tarde en ´La novela de un novelista´ (1921). Posteriormente vivió y estudió en Oviedo, donde trabó amistad con los escritores Leopoldo Alas (´Clarín´) y Tomás Tuero. En el periódico ´La Luz de Avilés´ publicó su primer artículo. Ya en Madrid se dedicó exclusivamente al periodismo y a la literatura, en la que pronto alcanzó éxito con sus novelas, que fueron muy leídas en la época, traducidas a numerosos idiomas y muchas llevadas al cine. Entre ellas cabe destacar ´Marta y María´ (1883), cuya acción transcurre en Avilés, ´José´ (1885), ´El cuarto poder´ (1888), ´La hermana San Sulpicio´ (1889), ´La fe´ (1892), ´El maestrante´ (1893), ´Los majos de Cádiz´ (1896), ´La aldea perdida´ (1903), ´Los cármenes de Granada´ (1927) y ´Sinfonía pastoral´ (1931). También escribió cuentos y llegó a estar propuesto para el Premio Nobel. El 29 de enero de 1938 falleció en Madrid. Sus restos fueron trasladados en 1945 al cementerio de La Carriona.

La placa colocada en abril de 1984 mantiene la memoria de Ana de Valle en la casa en la que vivió y trabajó, en el número 9 de la plaza de Álvarez Acebal. Ana Arias Iglesias, más conocida por el seudónimo de Ana de Valle, nació en Avilés el 6 de agosto del año 1900. Mujer de ideas avanzadas, militó en las Juventudes Socialistas y luchó en favor de la emancipación femenina, tarea que simultaneaba con su gran afición a la poesía. Sus primeros poemas aparecieron en 1924 en LA VOZ DE AVILÉS. En 1932 publicó su primer libro: ´Pájaro azul´. Al término de la Guerra Civil en Asturias, en octubre de 1937, Ana de Valle abandonó su villa natal en compañía de sus padres y sus tres hijas. Su marido, Eladio Valle, combatiente del ejército republicano, fue hecho prisionero. La poeta avilesina residió hasta 1939 en Barcelona, donde falleció su padre y perdió el rastro de su madre y de sus hijas. Tras exiliarse en Francia, donde trabajó de costurera, encontró a sus hijas acogidas dos de ellas por un matrimonio francés y la otra por uno belga. Hasta 1952 no pudo regresar a Avilés para rehacer su vida en compañía de su esposo, con el que abrió un taller de encuadernación. Sus hijas continuaron residiendo con sus familias adoptivas. En 1953 volvió a publicar poesía, en la revista ´El Bollo´, y en los años sesenta firmó, con el seudónimo de ´María de la Estrella´, ´Hojas volanderas´ y ganó el concurso de sonetos El Caballo Rojo. En 1972 publicó el libro ´Tallos nuevos´ y posteriormente ´Tránsito a la alegría´ (1974), ´Al ritmo de mis horas´ (1976), ´Escorzos´ (1978), ´La otra serenidad´ (1980) y ´Cuando la vida dice no´ (1981). El 21 de enero de 1984 falleció en Bélgica, en casa de su hija, aunque sus restos fueron trasladados tres meses más tarde al panteón familiar de La Carriona.

NOTA:

(*) Este texto se publicó también en dos entregas (sábados 15 y 22 de enero de 2011) en el diario La Voz de Avilés-El Comercio, con el título Las placas literarias de Avilés, en la sección «Pliegos del alfoz», que Ramón Baragaño dedica a investigaciones locales.

Historia de Avilés

Las primeras noticias de la presencia humana en el concejo datan de la Prehistoria. Por los pocos restos que nos han llegado —un hacha del Paleolítico Inferior y tres del Neolítico, estas últimas encontradas en La Rocica—, esta presencia fue más bien escasa. Se desconoce, igualmente, si en el concejo existieron castros. Hay mucha vaguedad también sobre el origen de Avilés. Se supone que proviene de un asentamiento romano cuyo poseedor se llamaba Abilius. Se han encontrado escasos y dispersos materiales de ese período: un capitel de mármol, de orden corintio, reutilizado como pila bautismal en la iglesia de San Nicolás de Bari, y monedas romanas en la ría, Sabugo, Llaranes y La Carriona.

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